Bancarrota en el email

Cerrado por vacacionesDesde luego, no hay mejor momento para dejar “todo cerrado” que las jornadas previas a las vacaciones estivales. A veces incluso, nos sorprendemos a nosotros mismos resolviendo con diligencia los frentes abiertos y que nada nos apetecían; concentrándonos en la redacción de ese último informe que no había forma de acabar; despachando llamadas como un robot, montando reuniones eficaces y decisivas, … A pesar de la tralla de los meses anteriores, nos hemos sentido tan enérgicos para dar , lo que yo denomino, “el arreón final de los minutos del descuento”. Cuando colgamos el cartel de cerrado por vacaciones, nos sentimos genial porque lo hemos logrado: podremos irnos y desconectar.

 

Sin embargo, no todo está bajo control. Hay una herramienta que la carga el mismísimo diablo. Sobre todo si además, la tenemos sincronizada con nuestro imprescindible smartphone: el correo electrónico. Así que, mientras esperamos que nos sirvan el espeto de sardinas, justo en ese momento en el que creemos estar a las puertas del paraíso, se nos ocurre echar un vistazo ahí abajo: ¡oh sorpresa! Y tomamos conciencia real de que nuestro email está en bancarrota: bandeja de entrada con 17.342 mensajes, 9.874 sin leer.

Tu acompañante ya se ha percatado de que te ha cambiado el gesto, la cerveza no te parece tan glacial y hasta empieza a molestarte el tiempo de espera. Calma, respira hondo. Aunque no lo creamos, el correo electrónico no fue inventado para comunicar urgencias. De haberlas habido, nos hubiéramos enterado por otro medio. Así que toma una servilleta de papel de la mesa y anota para descargar tu mente: “hacer caso a Pedro, y llamarle a la vuelta de vacaciones para que me ayude a dejar mi bandeja de entrada a cero”. Guárdalo en un sitio que seguro tendrás localizado, y devuelve tu atención a lo verdaderamente importante: disfrutar de la vida.

 

 

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