Círculo vicioso de la desmotivación

Para los empleados, una buena gestión se basa en:

  •      Contar con un responsable inmediato que muestre cuidado, interés y preocupación por ellos.
  •      Conocer inequívocamente qué se espera de ellos.
  •      Jugar un papel acorde con sus capacidades.
  •      Recibir de forma regular feedback positivo y reconocimiento por el trabajo bien hecho.

Es precisamente esa falta de reconocimiento lo que origina el llamado círculo vicioso de la desmotivación. Cuando a nuestros logros, o al trabajo bien hecho, no le sigue una consecuencia, empezamos a sentirnos mal con la tarea realizada, aflorando dudas sobre nuestra capacidad o sobre la conveniencia de cumplir con nuestro trabajo (“¿total para qué?”). Y es que el elemento desmotivador más fuerte es siempre ver el mismo horizonte.

Evidentemente, esa pérdida de confianza acarrea una mayor probabilidad de cometer errores, fruto sin duda, de una menor implicación. Como ya no somos fiables, ni nos exigen, ni nosotros estamos por comprometernos con nuevos retos o responsabilidades.

Llegados a este punto, no cabe otro apelativo que el de “una maceta arrinconada a la que hay que regar una vez al mes”, o sea no nos queda más que convertirnos en unos autómatas o buscar una nueva oportunidad laboral en otro sitio.

Círculo de desmotivación

Podemos concluir que las expectativas que tienen los responsables en relación con sus colaboradores y la manera en que los tratan, determinan en gran medida el rendimiento y el desarrollo profesional de los mismos. Los “jefes” excelentes son hábiles creando altas expectativas de rendimiento, que los empleados satisfacen axiomáticamente.

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